domingo 21 de febrero de 2010

Tijeras


Cortaba trocitos de mi pelo como si los pensamientos fueran cayendo poco a poco. Como si de la melena se hubieran desprendido experiencias, recuerdos y situaciones, buenas y malas. En menos de una hora la cabeza ha quedado despejada de artificios, y mirándome al espejo también esperaba que se marcharan otras sensaciones más inquietantes.
Según caían los mechones y las tijeras penetraban hábiles, apareciendo y desapareciendo, mi mente clasificaba fotogramas, intentando ordenar lo que todavía no he conseguido almacenar. Un sentimiento latente que a veces arranca lágrimas y otras, contiene la angustia que en público se convierte en actriz. Una rabia que todavía a día de hoy entrecorta mi respiración, provocando mi enfado con el mundo.
Incisión tras incisión, las tijeras se encargaban de dar forma a una estructura frágil, revoltosa y mecida por la plancha, la espuma y las lacas.
Y he quedado desnuda ante el espejo, con un nudo en el estómago y esperando el toque final. Después de desfilar la melena y poner a raya el flequillo, mi cortadora de artificios no ha conseguido calmar mi dolor.
Han pasado los días, han caído mechones, pero continúo estremeciéndome cuando duermo. Persigo ilusiones que se esconden. La pena ha marginado las emociones, los impulsos y la alegría. Ya no sé que hay detrás de esa melena.