Casilda se deja querer porque principalmente ella ha nacido para hacer la vida más fácil a los que la conocen. Casilda es menuda, tiene el pelo corto y blanco, y habla mucho y muy rápido. Su marido nunca frena su verborrea, así que deja que suelte palabras, palabras y más palabras. Ella es así. Sin lugar a dudas, un amor de mujer, de esas que lo tienen todo para que los demás lo disfruten. Buena gente.Casilda recorre las calles con soltura, es enérgica y no tiene pelos en la lengua. Ni prejuicios, ni ‘segundas’. La palabra hipocresía no entra en el vocabulario de una mujer que ha perdido el respeto a los malos rollos. Que sí, que es de carne y hueso.
"Mira, pasa", me dice una tarde, "te voy a enseñar el disfraz para Carnavales…".
Entro en la habitación de dos camitas y doy un respingo. Era un muñeco enorme con velcro en pies y manos, vestido de galán encima de la alcoba. Un hombre de espuma, trajeado y con mirada perdida, dispuesto a ser la media naranja de una mujer entrada en años el martes de Carnaval. "No te asustes, no te asustes", intentaba tranquilizarme con una sonrisa, orgullosa de su ligue de mentirijillas. "Como a Dani -su marido- no le va esto del baile, pues mira…".
Con mucho mimo levanta al elegante bailarín y lo exhibe con gracia, con salero, porque de eso ella tiene para regalar. "¡Una pareja de baile!", dice, encantada de tener, aunque sea de postizo, un compañero de salsa, pasodoble o cha-cha-cha.
Cómo no va a ganar premios si lo suyo es el espectáculo, la comedia, el teatro… eso sí, en el escenario de la vida, que es más complicado.
Y empieza a sacar fotos. Pasa las hojas del álbum con satisfacción. Mil disfraces distintos que han costado sudor y lágrimas. Los colorines son la bandera de Casilda. Y más tratándose de fiesta. Dani sonríe. Le brillan los ojos cuando mira a la única mujer capaz de quitarle el sentido.
Abre la puerta de un armario y aparecen botellas de todos los colores y formas: frascos de perfume, botellines de cerveza y botellas con relieves inimaginables. Aceptar una invitación significa hacer un recorrido por sus manualidades, colecciones y recuerdos.
Optimista por naturaleza, Casilda parece haber nacido en otra época. Le encanta el riesgo, ser positiva hasta la extenuación y coser telas, muchas telas, que transforma en trajes de verdad o de mentira. Si es de verdad los utiliza para salir a la calle, si es de mentira los convierte en disfraces o en atuendos para contar historias. Es así como a partir de piedras que encuentra en el campo va hilando cuentos, convirtiendo a los cantitos en personajes de leyenda. La imaginación les hace un hueco y les acepta como seres humanos, con rarezas, necesidades, enfados, alegrías y esperanzas. Una piedra puede llamarse José, otra más redondita Amapola y de ahí surgir una tierna historia de amor que da como resultado un guijarro enano.
Casilda es capaz de dar vida a las piedras, os lo puedo asegurar. Con la boca abierta me deja cada vez que cuenta esos relatos, tan seria, tan concentrada, tan creíble…
De su generosidad podríamos estar hablando años. Lo suyo es de todos, porque todo es posible, los problemas tienen solución y hacer felices a los demás es muy sencillo. Realmente, para ella todo es fácil y alcanzable: tesón y buen humor son los ingredientes que hacen infalible su pócima.
Tiene una mente rápida, privilegiada, que conserva gracias a su fuerza de voluntad, a sus ganas de crear, montar y desmontar. Casilda es así. Buena gente.
Vaya, me voy a poner sentimental. Huele a Navidad, cómo se nota. Seguro que todos conocemos a una Casilda, a alguien que nos echa una mano porque sí. Sin esperarlo nos presta su apartamento de Torrevieja durante una semana en pleno mes de julio o nos paga el billete de autobús. A veces nos lleva en coche al fin del mundo sin cobrarnos un chavo, nos llena el frigorífico y encima se empeña en invitarnos a comer. En fin, menos mal que hay Casildas ‘salvadoras’, que amortiguan los golpes bajos de la vida, los suspensos, los desengaños amorosos, las frustraciones, las despedidas.
"Tan sólo una llamada de voz desesperada y sé que estás aquí. Por eso algunas veces me pregunto que si me quedara solo en este mundo: qué haría yo sin ti...". Me guardo estas frases de Tontxu de su álbum ‘Con un canto en los dientes’. Si a tu lado está la mejor persona del mundo, pues afortunado, afortunada. La vida será un poco menos complicada. Y es que de vez en cuando aparece ese ángel y lo difícil no lo es tanto. Y vemos la luz al final del túnel. En ocasiones Casilda sufre, se pone triste y quiere llorar, pero no lo hace delante de mí, ni de nadie. Se calza sus zapatos, sale a la calle y prosigue con su misión: apagar el piloto rojo de muchas cabezas.
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