miércoles 19 de diciembre de 2007

Suficiente

Todavía no he hecho la carta a los Reyes Magos, y no sé, creo que no me apetece mucho escribir un montón de deseos en una carta que a saber a qué parte del cielo irá. Somos unos seres frágiles, infinitamente tontos y maleducados que no sabemos contemplar lo extraordinario que es el momento por el momento, el instante por el instante. Sobre todo cuando esa pizca de tiempo es eso, deliciosa. Somos tan idiotas que no vemos ilusión donde la hay a raudales. Qué pena de seres humanos. Siempre preocupados por ñoñerías, por sinsabores que mueren en el ego y en el orgullo más inútil. Qué bobos que somos. Perdemos los minutos en discutir por una cena de más, una ideología de menos, un regalo inadecuado, una mirada que cayó torcida. En fin, pamplinas que no nos llevan a ser más libres, sino más ignorantes y limitados.
Suficiente. Subo las escaleras, abro la puerta y te veo en el sillón esperándome, con una sonrisa de par en par. Eso es felicidad. Suficiente. Lo dice Lantana en su letra. Estar contigo es suficiente, y permanecer alerta, a tu respiración, a tu tacto, a tu brillo, rebrillo; de ojos maravillosos. Un abrazo. Suficiente. Ni un deseo más, ni un deseo menos. Un baile mal dado y una carcajada infantil que brota de repente. Suficiente. Sentir y sólo sentir, y una risa por nada. Suficiente.
El otro día conocí por radio y televisión al periodista barcelonés Jaume Sanllorente. Un día fue a Bombay y se quedó. El destino le llevó a un orfanato que estaba a punto de cerrar. Esos niños y niñas volverían a las mafias, a la prostitución o a la mendicidad. El destino quiso cambiar las vidas de esos menores y les presentó al periodista que no había elegido en un primer momento Bombay para realizar un viaje de placer. Jaume no quiso contradecir al destino y logró remontar el proyecto. Vendió el piso en España, dejó su trabajo y con el dinero consiguió muchas sonrisas de niños y niñas en Bombay. Fundó la ONG Sonrisas de Bombay (www.sonrisasdebombay.org) y está luchando por conseguir más y más sonrisas. Vaya, aquí no nos recreamos en una sonrisa y allí completa la vida. Una sonrisa, suficiente. Y lo dice todo. Ha escrito un libro contando su experiencia, "Sonrisas de Bombay. El viaje que cambió mi destino", y ha vuelto a España para decirnos que el mundo está conectado, que está formado por personas y que no estamos tan lejos las unas de las otras, aunque a veces nos empeñemos en complicar las cosas. Suficiente.
No, no voy a escribir la carta a los Reyes Magos, ni voy a criticar lo consumistas, pesaditos y exigentes que nos ponemos estos días. Sólo por cumplir. Ni voy a vomitar deseos y más deseos, de paz, solidaridad y amor. De eso las teles están llenas; de buenos propósitos que nunca se pasan de moda y que quedan tan bien en las cabeceras, en los anuncios, en las galas.
Suficiente. Un poco de esencia. Cierra lo ojos y siente, luego me lo cuentas. Seguro que te sorprende. Ni utopías, ni metas irreales, ni fantasiosas. "Prefiero imaginarte como el aire", canta Lantana. Suficiente. Y ahora te invento y cuento hasta tres y siento. Te siento. Un instante.