Lleva un corazón con sus iniciales tatuado en el brazo izquierdo. En el derecho aparece en azul desgastado una pareja de novios. De la legión. Después llegó al pueblo y compró un molino. De esto hace ya mucho tiempo. Odia la comida fría y echa de menos las manos de Mati, su esposa. "Parezco un bohemio con el pelo largo y las barbas", se queja, mientras se atusa el cabello. José, su hijo, prepara las cuchillas y la espuma de afeitar. Una y otra vez intenta cortar la barba espesa del hombre sin conseguir un afeitado perfecto. Recoge las cuchillas, le retira la espuma y maldice el resultado. Se marcha, tiene que ir a recoger a su hijo al colegio. Es mediodía y el yogur sigue estando demasiado frío. Una mujer le tranquiliza: "No se preo-cupe, cuando se caliente un poco se lo doy". Es la esposa del compañero de habitación. "Gracias maja, eres la más buena, la más guapa y la más trabajadora de España", repite constantemente Manuel a Asun, desde la 128. El silencio se rompe con las canciones de Luisa. El mocho es para Luisa lo que el Mercedes para Fernando Alonso. Su medio de vida. Canturrea melodías de la tele. Siempre tiene buena cara y buena sonrisa, los dientes bien enfiladitos. Está encantada con las nuevas tecnologías, ya que pasa el cepillo con un trapo absorbente que deja el suelo a las mil maravillas, y sin despeinarse, no como antes. Lleva el pelo rubio, melenita, recogido con una horquilla, la bata ajustada -que ya podía ser de cola porque arte no le falta- y guantes de látex, "por esto de las moderneces".Con soltura repasa los hierros de las camas, la mesa plegable, el baño y la puerta. En un abrir y cerrar de ojos la habitación huele a limpio y, por supuesto, a Luisa. Sus pies son mágicos y su risa y sus plantas. Que hay que disfrazarse... pues uno se disfraza. Y es que limpios por fuera y limpios por dentro. Aprendió a vivir sin el "sacaperras" de su marido, un caradura que tenía el bolsillo roto. Ahora saca brillo al hospital, a las almas tristes y vive para ella, que ya era hora. Joaquina es la vecina de enfrente. No quiere beber agua, así que tiene que comer gelatina. Felisa, su compañera de habitación, se aburre porque no le da conversación. Así que de vez en cuando hace señas a la gente del pasillo para que le cuente chismorreos. "Es la bella durmiente", dice resignada Felisa. Joaquina se pasa todo el día durmiendo y toda la noche, y toda la tarde... Así que sus hijos nunca pueden hablar con ella. Justo cuando se marchan, Joaquina levanta un párpado. Unos segundos de luz y vuelve a descansar en la almohada.
Manuel quiere levantarse, pero todavía no puede. Una maraña de tubos y agujas le vigilan. Le cuesta respirar, pero se ríe cada dos por tres con las enfermeras. "A todas nos llama guapas", dice una médica a otra. Está solo la mayor parte del tiempo, pero su buen carácter hace un corte de manga a los momentos duros. Las visitas se multiplican los fines de semana. A veces se hace pesado soportar a la vecina del 2º o a la amiga, de la requeteamiga, de la amiga de la vecina. Se juntan menganita y fulanita y en un pispás montan la tertulia en la habitación. Viene un celador y gruñe. Al final acaba todo el mundo enfadado y el enfermo suplicando paz con la pata quebrada.También hay una abuela, en el otro pasillo, que hace sopas de letras, cuenta chistes y ríe sin parar. Reparte besos y bombones. Y delante de la enfermera. Busca sin éxito un lápiz y da instrucciones a su nieto para que le proporcione uno que pinte bien. Consigue un bolígrafo. "No, un boli no, que no puedo hacer bien las sopas de letras", dice concetrada en los pasatiempos. Tiene la pierna vendada, pero no descarta participar en el "Mira quién baila". Lástima que no sea abuela de Jennifer López o prima de la duquesa de Alba, que si no ya veríamos.