sábado 1 de septiembre de 2007

Estoy harta

Estoy harta. De muchas cosas. Se va acumulando la hartura, y al final una lo tiene que soltar porque si no revienta. Estoy harta. Creo que ya lo he dicho, ¿no? Pues sí. Estoy cansada de ver en la tele a la misma gente diciendo las mismas tonterías. Políticos, políticas, tonadilleros y tonadilleras, toreros, novias de alguien y novios de no sé quien. Presentadores pesados, presentadoras estiradas con el permiso del bisturí. Estoy harta de la doble moral, de las personas machistas, racistas, homófobas y xenófobas. Harta de los dibujos animados de ahora, de las películas americanas, de la burbuja inmobiliaria -a ver si se pincha y nos deja tranquilos y tranquilas de una vez- y de los sueldos 'minigüini'. Cansada de que a los y a las jóvenes nos traten como bichos raros, como largatijas de laboratorio, como chalados y chaladas, de tontitos y tontitas, como si tuvieramos que darnos de latigazos por los maravillosos tiempos -según algunos y algunas- que nos ha tocado vivir. Estoy harta de los anuncios de compresas, de Corporación Dermoestética, de los Beckham y de los millones que se patean en los campos de fútbol. Vamos, que la pierna de un tal Pepe, nuevo fichaje del Madrid, puede alimentar a medio planeta. Y los científicos y científicas de este país sufriendo por sus esqueléticas becas, que a duras penas les da para comprarse las batas.
Estoy harta de las personas que luchan con las armas, que violan una y otra vez la democracia, que se ríen cuando matan, que asesinan en nombre de algo. Estoy harta de los horteras que queman coches y cajeros, de los que no tienen ni puñetera idea de lo que significa la palabra libertad. Harta de las personas que no miran a los ojos cuando se les está leyendo la cartilla.
Harta de tener que esperar en la comisaría de mi pueblo dos millones de minutos para hacer el DNI, y creo que esto pasa en un millón de pueblos más de este país. Estoy harta de los que asesinan, maltratan y humillan a las mujeres. Harta de los que pegan, torturan, abandonan, abusan, explotan y aterrorizan a los niños y a las niñas.
Hasta las narices de que haya gente que no tenga un territorio y que el resto del mundo consienta que su techo sea el desierto, una lona o las estrellas del cielo abierto.
Harta de los incendios, de las guerras, del chapapote, de los hoteles en primera línea de playa, de la prepotencia, de la intolerancia y de la falta de respeto. Cansada del efecto invernadero, del cambio climático y de la contaminación. Estoy harta de los adelantamientos suicidas, del cuentakilómetros sin freno, de los y las que no se ponen el cinturón de seguridad.
No creo en la violencia, ni en la censura, ni en la represión. Me revienta tener miedo, los juicios paralelos y que me rayen el coche. No aguanto las caras largas, ni los escupitajos, ni la chulería.
Estoy harta de la pena de muerte, de la lapidación, de la injusticia social. Harta de respirar el humo de los otros y de las otras. Cansada de que se aprovechen de los ancianos y ancianas, de la buena voluntad de la gente y del esfuerzo personal del mismo y la misma de siempre.
Me fastidia la corrupción urbanística y la corrupción de cualquier cosa. Estoy harta de la letra pequeña, de las instrucciones de los electrodomésticos, de la frivolidad, del móvil, de la arrogancia y del montón de facturas.
Estoy harta de los malos modales, de las sonrisas raquíticas, de los corazones de hielo y de algunas personas de la administración. Y estoy harta. Harta de todo esto y de aquello y de lo otro. Y ya me callo.