"Ponte el cinturón, protege tu vida..." Y la DGT vio cómo una canción de reality hacía sombra a sus anuncios de libro. En fin, que Silvia Padilla conquistó a los espectadores con su pegadiza copla y los accidentes de tráfico no merman ni por esas. Que ni ponte el cinturón, ni nada. Pero claro, es difícil no levantar el pie del acelerador cuando repica en la memoria ni se sabe desde cuando: "Para ser conductor de primera, acelera, acelera".Y es que esos ecos de excursión campera complican mucho la reinserción vial. ¡Están provocando! Tampoco la publicidad facilita mucho el cambio de actitud al volante. Y venga a sacar coches, y bien potentes... Vamos a ver, si no se puede correr a más de 120 por autopista. ¿Para qué demonios hacen esas naves espaciales? Luego están los anuncios para los "colgados". Una imaginación, que ni Walt Disney. Coches que explotan, que vuelan, que surcan los mares; muñecos que cobran vida. En fin, que las alucinaciones también causan accidentes. Que las drogas no son compatibles con la seguridad vial. Así no hay quien pueda. Y de eso tiene mucha culpa la tele.
Sin embargo, al margen ya de la publicidad, no parece tan complejo echar un ojo al velocímetro o ver si de frente viene otro vehículo. Y lo de la prueba de alcoholemia, sin comentarios. ¡Que no se bebe y punto!
Por una parte, está eso del sentido común, de la cordura, de la madurez y de la responsabilidad, y por otra, se plantean demasiados interrogantes. Y digo yo; ¿por qué si es tan peligrosa la carretera y requiere de tanta responsabilidad se dan tantos permisos de conducir? ¿Acaso todo el mundo es capaz de conseguirlo? Parece que sí. Si el coche puede llegar a ser una trampa mortal, ¿por qué no se plantea con mayor seriedad lo del carné de conducir, como si se tratase de un máster o de un postgrado? A mí las cuentas no me cuadran. Al final todo el mundo, más tarde o más temprano, obtiene el permiso. Y no tendría que ser así. Hay gente que no termina un curso porque no lo supera. Lo del carné, sin embargo, parece que está chupado. Y si uno va con mucha prisa y si es famosete, mejor que mejor, hay en Cuenca una autoescuela que promete éxito asegurado en tiempo récord. Los paparazzi no pueden con la vida, que estrés, madre mía. ¿Britney Spears, Paris Hilton? Vale, ya tiene explicación.
Y a mí me da que todo esto huele a petróleo. Sí, sí. Sumamos 2 y 2 y nos salen millones de conductores y conductoras. Cuantos más permisos; más coches, más autoescuelas, más seguros, más gasolina… Y suma y sigue. Negocio redondo. Que no, que lo del carné por puntos no es; que esos suman otra cosa.
A lo mejor es que hay personas pululando por las carreteras que nunca, jamás de los jamases, deberían conducir. Suicidas que alegremente pilotan bólidos por una convencional, creyendo que se trata del circuito de Mónaco. Alonsos frustrados.
Un cruce. Alguien sale sin mirar. Baja la ventanilla. Se oye un grito: "¿Es que te han dado el carné en una tómbola?" Oye, pues a lo mejor, vete tú a saber.