Nelson da pasitos cortos. Avanza por el estrecho pasillo y se sienta casi al final. Hace frío. Con gorro blanco, ropa del tajo y una revista que lanza al asiento. Se sienta y recoge la revista, hecha un rulo. Desdobla las hojas y se centra en la portada. Un desorden de famosos saltan del QMD! y se cuelan en la mañana. El autobús arranca. Justo a tiempo. En el primer pueblo se está construyendo la mayor urbanización de la comarca. Nelson se baja y mira hacia los cubos encendidos que dan calor al currante: algún que otro compatriota y uno o dos despistados que siempre han valido para esto.El sol tarda en salir y el frío quema por dentro; por fuera uno se acostumbra. Lo duro del terruño es el maldito invierno. Ni guantes, ni bufandas. En la obra no se puede con tanto abrigo, aunque acuchille el viento afilado. Besa una foto arrugada y comienza la jornada, mientras el QMD! reposa en el asiento de La Regional.
Cinco jóvenes que perdieron el primer autobús corren pitando a los últimos asientos. El conductor les guiña un ojo. Sabe que llegarán tarde a clase, pero han dormido una hora más. Y eso compensa, sobre todo cuando la noche se alargó demasiado en el bar de copas de Juampa. Duermen. Ellos recorren todo el trayecto. Van a la ciudad. Con la mochila hasta los topes de todo y un hilito de saliva que cae sobre la tapicería castigada.
Creo que es de Europa del Este. Lleva un Cristo colgado sobre su pecho y una chupa de cuero. Se sienta también de los últimos. Le acompaña una mujer de pelo blanco que enseguida le da conversación. Otro idioma.
El hombre del asiento 24 abre el periódico, hace un recorrido minucioso por las páginas de contactos y marca un número. Una charla íntima y una cita rápida en una dirección de la capital. Bingo, encima cerca de la estación de autobuses. Arruga el periódico, resopla y pierde la mirada en la carretera. "Un día redondo", dicta su mente.
A las 8 de la tarde el autobús está de vuelta. Y pasa por los mismos pueblos de la ida, y recoge a los mismos vecinos que fue dejando de buena mañana.
Nelson toma el mismo asiento. Se tira cansado y aplasta la revista que compró a primera hora. El QMD! resuena. Pronto se queda dormido. Ni se molesta en retirar los papelotes de las reinas del corazón.
Los chavales hablan, comentan los mejores momentos del día, de la clase, del recreo. Alguna carcajada y al momento la guerra de los mp3 está servida. Vibraciones musicales que se escuchan desde la otra punta.
Estación de autobuses. Nelson baja y se pierde entre la noche, rápido, con una mezcla de frío, sueño y cansancio. Los chavales caminan más lento, no tienen prisa. Lo están pasando bien. También ha vuelto el hombre del asiento 24. Le espera una mujer, le da un beso y una niña choca contra su pecho. Está emocionada.
- ¿Qué tal la reunión, cariño?
- Bien, pero ha sido un día duro.
- Bueno, ya estás de vuelta.
