viernes 1 de febrero de 2008

¿Y luego?

Un viernes por la tarde fui a urgencias. Al hospital comarcal. Una cola interminable y la sala de espera hasta los topes. Me quedé en el pasillo, al lado del mostrador donde una señorita recoge los datos para elaborar el informe. Una, en esas circunstancias, se viste con el traje de paciencia y empieza a examinar cada grieta del edificio, cada manchita en la pared. Y todo con tal de matar el tiempo hasta que el altavoz pronuncia nombre y apellidos del "urgente averiado".
Después de media hora de espera vi a través de las puertas de cristal cómo un coche de la Policía Nacional paraba justo enfrente. "Mira, ya han pillado a uno un poco pasadito", pensé.
Era una tarde fría. En Castilla siempre hace frío cuando anochece, también en verano. Se abrieron las puertas de urgencias, entró el frío y una mujer y dos niños, escoltados por un policía uniformado. En ese mismo instante se derrumbó mi prejuicio. Por la ropa, se trataba de una mujer musulmana. Iba encorvada, sin aliento, agarrándose el vientre. Silencio. Sus hijos, niño y niña, seguían con pasitos cortos y acelerados a la madre, con miedo. El policía habló con la señorita del mostrador: "Le ha pegado su marido, que la vea un médico, luego que me llame que la recojo". Estas fueron sus palabras. Antes de marcharse, el hombre volvió a recordarla que cuando terminase que le llamaran. Se lo dijo alto y despacio. Quería asegurarse.
Miré a la niña. Me devolvió la mirada y nuestros ojos chocaron durante dos segundos. Al final sonreí y ella me enseñó sus dientecillos con timidez. Su pelo largo, sus botas, su abrigo medio puesto y además, una sonrisa. Su hermano, más serio, con mirada perdida y pocas ganas de fiesta. Esperan. Llaman enseguida a la madre. Los niños no pueden entrar, pero la madre con gestos indica que están solos. Por fin los tres se cuelan a los boxes de urgencias. A lo mejor después de todo no ha perdido al bebé. ¿Y luego? Pensé yo. Vendrá ese poli, y ¿a dónde les va a llevar? ¿Y el tío que ha maltratado a esa mujer? ¿Dónde está? ¿Detenido? ¿Por cuánto tiempo? ¿Qué va a pasar con los niños? En este pueblo no hay casas de acogida.
Y volví a pensar. Y encima han venido a urgencias como si fueran delincuentes.
Desprotección. Impotencia. Miedo. Y las mujeres pueden denunciar, pero los hijos e hijas que viven también esas escenas de malos tratos, víctimas también de la brutalidad machista, son demasiado pequeños para quejarse, para dar la voz de alarma. Demasiado indefensos. Algunos y algunas todavía no saben andar, ni hablar. Hace poco murió un niño por malos tratos. No pudo denunciar. Tenía 9 meses. Y nadie lo hizo por él.
El otro día volvímos a hablar de violencia de género. Una vez más. No es raro sacar el tema cuando día sí y día también mueren mujeres a manos de sus parejas o exparejas. También niños y niñas. Y en eso los telediarios nos ponen al corriente. Ahora que la mujer habla, denuncia, se queja, se multiplican los asesinatos. Antes también había mujeres maltratadas, pero claro: ni voz, ni voto. Así que no era necesario llegar al hachazo, disparo, quemaduras, golpes mortales. Con la violencia psicológica y la física, "sin pasarse", era suficiente para controlar a la "parienta". ¿Y los hijos e hijas? "¡Chitón!, que también son de mi propiedad". ¿Y luego? Nada, como si nada, pero ya cada vez el "nada" vale menos, pero "el luego" sigue dando miedo.