Le arde la punta de la lengua, pero el dolor le recuerda la hazaña, la valentía, lo echado pa'lante que es. Siempre dispuesto a ser bueno para algunas cosas; un hijo de perra para otras. Rai no se anda con chiquitas. Siente la vida al filo de la muerte y su conciencia no vale nada, o casi nada. Ha desafiado a unos progenitores demasiado desintegrados por el disparate de un mal viaje. La mentira del amor les redujo a peluches y Rai ya no ha vuelto a ser como antes.Toboganes infinitos, escondites, chopos que servían de escudos juguetones, manos cálidas y lágrimas amortiguadas por un pañuelo a cuadros, recién lavado y con un olor a plancha delicioso. Ya nada ha vuelto a ser como antes.
A lo mejor en la infancia el menos es más; pero pasan los años y la mentira se estrella, la realidad se desnuda y la mierda ahoga los momentos brillantes de una época frágil, sigilosa, dispersa.
Rai es alto, muy alto; algo desgarbado. Rubito, nada angelical. Pantalones anchos, arrastrados, llevados con gracia, como danzantes sin cuerpo. La delgadez le puede y la chulería y la coraza que frena sus andares de chico malo. Un tatuaje le recorre la nuca con elegancia. Provoca respeto, miedo, quizás distancia; metros y metros de separación entre su alma y la idea que el mundo pintó para él. Un borrón difícil de corregir.
Saca la lengua y el espejo le devuelve una de cal y otra de arena. A veces no entiende los caprichos de su propia identidad. No sabe muy bien por qué ha taladrado su lengua, pero era algo que tenía que hacer. Se lo debía a la pandilla. Siempre probando, siempre demostrando. Siempre cabreado.
Camina solo. A veces pasea con Vicky, su amiga con derecho a roce. Al menos eso piensan; la realidad es que es la única que le ha visto sangrar por dentro.
Le tiemblan las piernas cuando le miran a los ojos. No está acostumbrado a mantener la mirada. Nunca se le dio bien dar la cara. Se refugia en el cabello lacio; en los párpados cabizbajos; en la mala ostia, cronificada, heredada, enquistada.
Saca la lengua. Vicky ríe. La tarde se rinde al piercing, al caradura, a una relación con futuro incierto, pero intensamente propia. Y Rai se ríe con dolor, y Vicky le contesta sacando la lengua. Otra noche. Repaso por Malasaña. Pasota por dentro y por fuera. El amanecer ciega los besos. Y ya nada volverá a ser como antes.
