martes 30 de diciembre de 2008

Feliz holocausto


Pasarán los años. Dentro de unos cuantos, quizás de décadas, se escucharán condenas internacionales, se celebrarán homenajes y protestas. No como las concentraciones de ahora, que casi hay que pedir perdón, sino oficiales. Se hablará de juicios justos y de crímenes contra la humanidad. Se oirán gargantas que griten a favor de una memoria histórica. Se escribirán libros y artículos sesudos sobre el pasado, las causas y miles de testimonios reposarán en páginas interminables y dolorosas.
Las fotos de inocentes recorrerán el mundo y las imágenes sangrientas de hoy darán paso a las vidas que un día fueron.
Será demasiado tarde. Nadie quiere parar la tortura, la matanza y el miedo de millones de seres humanos que luchan por vivir entre el hambre, la sed y el desalojo.
“Las muertes no serán en vano”, dicen algunos, mientras sujetan banderas del territorio arrebatado. Pero las muertes sí serán en vano. Y vendrán más muertes y más miseria y más vergüenza internacional, mientras el resto de mortales tomamos el turrón en el sillón de nuestras casas, contemplando los informativos como muñecos ricos, tontos, ñoños, gastadores y hasta ordinarios.
Consienten. Permiten que otro holocausto marque el transcurso de la historia. Vaya, no me gustan los tópicos, pero va a ser verdad que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, o más.
Pasarán los años y alguien tendrá que rendir cuentas. Demasiado tarde. Se rasgarán las vestiduras, llevarán flores a un monolito precioso y los mirones de hoy redactarán un manifiesto condenando el exterminio. Todo habrá acabado.
Feliz holocausto, señores y señoras de la guerra. Los ojos del niño palestino que abren la página de la Cadena Ser me dicen que en estos momentos no interesa proteger a la infancia, que no toca, que ya vendrán tiempos mejores, cuando haya que justificar los fracasos y un grupo de abuelos políticos recite en un futuro lejano versos de arrepentimiento.
Intermón Oxfam retrata desde su página web la gravedad del enfrentamiento y denuncia el bloqueo de Israel y las dificultades para hacer llegar la ayuda humanitaria. Esta es la nota de prensa que emiten desde la organización y que me parece oportuno reproducir:
[La población de Gaza está abocada a una crisis humanitaria a menos que cese el bombardeo de Israel y éste permita la entrada de ayuda humanitaria a la Franja, ha advertido hoy Oxfam Internacional, Intermón Oxfam en España.
La organización se ha visto obligada a suspender de manera temporal gran parte de sus proyectos humanitarios en Gaza debido a la ofensiva militar israelí iniciada el pasado sábado. Además, el desarrollo de un programa alimentario del que se iban a beneficiar 25.000 personas también se ha paralizado.
Por su parte, las organizaciones locales con las que opera Oxfam Internacional en el terreno están trabajando activamente para hacerse cargo de los afectados por el ataque. El número de heridos ha saturado los servicios sanitarios de Gaza. Todos los hospitales han comunicado que sus recursos para emergencias se han agotado y que pronto carecerán de los recursos básicos.
La ofensiva militar ha causado también graves daños a las infraestructuras de Gaza. Muchas zonas se han quedado sin suministro de agua y de electricidad. “Cientos de miles de personas en Gaza dependen de Oxfam Internacional y de otras agencias de ayuda humanitaria para colmar sus necesidades básicas: agua potable, alimentos y servicios sanitarios. Gaza ha estado aislada del mundo durante 19 meses y la población se encuentra al límite. Existe un elevado riesgo de entrar en una nueva crisis humanitaria si no termina el bombardeo”, señaló la portavoz de Intermón Oxfam (IO), Lara Contreras.
“La comunidad internacional no debe quedarse al margen ni permitir que Israel siga violando el Derecho Internacional Humanitario atacando de forma desproporcionada a la población de Gaza. Oxfam Internacional también condena los ataques con cohetes de Hamas contra la población civil israelí. No obstante, esos ataques no justifican esta respuesta militar de Israel, que se está cobrando vidas de civiles inocentes”, añade Contreras.
Intermón Oxfam se congratula de la condena que realizó el pasado sábado el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación del Gobierno Español tanto de la ofensiva israelí como de los ataques de Hamás. Aún así, la portavoz de IO señala que “los líderes mundiales deben llevar a cabo las acciones necesarias para detener los ataques de las dos partes del conflicto y presionar a Israel para que termine con el bloqueo de la Franja de Gaza y permita el acceso de ayuda humanitaria”].

martes 23 de diciembre de 2008

Soria millonaria y yo con el corazón contento


César ha salido de casa bien pronto por la mañana. A las 8,30 tiene que preparar el equipo y esperar, sentado ante el televisor, a que toque la lotería en Soria. Si cae algún premio tendrá que salir corriendo a por los afortunados y seguramente acabe destrozado de la espalda, pero con la adrenalina cargadita.
Llamada al móvil. Es César. Le apago, estoy esperando una visita en el despacho. Son más de las 9 y media y escucho a los chavales de la Escuela Taller montando jaleo. “¡Que me ha tocao!”, grita emocionado un chaval. Cita a continuación un número y la cuadrilla anima a una de las responsables de la escuela a poner la radio. Creo que es una broma. Siempre están de cachondeo. Empieza a sonar el soniquete de la lotería. Entra por la puerta Pilar, una de nuestras antiguas usuarias, para que le revise unos papeles. Me anuncia con una medio sonrisa que ha tocado en Soria, en el Gari. Así que, pensé, “los chicos de la Escuela Taller chillaban con toda la razón del mundo”. No sé, no consigo resolver el asunto de los papeles de Pilar. Hacienda es retorcida, así que nos despedimos. Feliz Navidad, y ella se vuelve de nuevo con sus hijos, a otra provincia, donde han encontrado una oportunidad. Está esperanzada. A ellos no les ha tocado la lotería, pero estar juntos, después de mil avatares, ya es una suerte.
La ventana de la buhardilla está abierta. El despacho descansa en la picota del edificio, al ladito de la plaza mayor y en la boca del Collado. El sol cae en picado y llena de luz toda la sala. Se agradece. El frío soriano se soporta muy bien en este invernadero particular. Vaya, pensé, el Gari. Otra de nuestras usuarias tiene que tener lotería de ese bar. Trabaja allí, en la cocina. Bien por ella, su viaje a Ecuador será inolvidable.
Devuelvo la llamada a César. Me calca la noticia que ya sé. Colgamos. De repente escucho gritos, cánticos. Las sanjuaneras más claras que nunca y no se celebra San Juan. “Ya era hora, ya era hora…”, oigo desde la buhardilla. Hora del café. Son las 11,15 de la mañana. Bajo de mi buhardilla. Tres cámaras de televisión y una unidad móvil colapsan la entrada de la administración número 2 de Soria, en el Collado, una de las calles más transitadas y populares de la ciudad del Duero. El tercer premio. Aquí, y en el Gari. Gente cantando, brindando, bailando. Caras conocidas, curiosos que se arremolinan para que les contagien el buen humor.
No me tocó. Al menos eso creo. Mis compañeros de oficio tampoco han salido bien parados en esto de la suerte. Echamos para el Niño, un décimo a pachas, lo pasamos por la chepa de alguno y retorno a mi buhardilla.
Terminamos antes. Por ser Navidad, aperitivo. Pinchos de tortilla, torreznos, chorizo, queso y vino, mucho vino. “A mí no me ha tocado nada, pero a mi familia sí”, anuncia el alcalde. Está contento. Y otros tremendamente contentos. Algunos cabreados, hundiendo la frustración lotera en la copa de vino español.
No es tarde. Más bien, la tarde comienza. En el Mesón Castellano llueven las botellas de cava. Está hasta los topes. Es un hermano del Gari. La gente entra, poca sale. La fiesta promete y las copas de champán pueblan las cabezas cada vez más chispas.
Herradores. Plaza emblemática y salpicada de unidades móviles da la bienvenida a los no agraciados: nosotros; porque el resto está tirando de bocadillo y borrachera con motivo. Nos encontramos con una colega que invita a cava del bueno. Feliz y de enhorabuena. A su marido casi le pilla un coche, cuenta con ironía, cuando iba a depositar el décimo al banco.
Y otras botellas cayeron. Felicitamos al chaval de la Escuela Taller, agraciado y agradecido. Un décimo de gloria.
Todavía queda tarde. A la Cepa. Un mariachi que no sabe tocar la guitarra, con su poncho, camisa de Tommy Hilfiger y un sombrero de tres por cuatro.
Una familia de dominicanos con una planta exquisita está de celebración. Dos niñas corretean con vestidos de domingo, mientras la madre da el biberón a la recién nacida. El padre emocionado contagia su buena estrella. Inmigrantes asentados, ella camarera del lugar, disfrutan de su destino con los autóctonos. Invitan a cava. Más botellas. “Les ha tocado tres del primero”, dice una mujer bajita con cazadora a rayas y visera blanca. Parece cubana. Y es que en Soria ha caído a dobles: un pellizco del primer premio e íntegro el tercero. Le acompaña un caballero, también cubano, con melena rizada, abrazado a un botellín de cerveza. Sentado, riendo y animando a su compañera de batalla. “Era gay, pero yo le saqué”, exclama orgullosa, mientras se marca un zapateao. Canta una medio rumba que incita al movimiento. El bar se rinde a la mujer pequeña, que tiene hijos altos y un espíritu, según ella, grande, bien grande.
“Tengo el corazón contento, el corazón contento…” Y todos al unísono repetimos el estribillo, como algo personal. En fin, afortunado en amores.
Exaltación de la amistad, conversaciones inverosímiles y más botellas de champán. Un señor de bigote, que hacía los coros mediocres al mejicano de pega, nos trae otra botella: “A mi hijo le ha tocado”. Y nos llena las copas de nuevo. Sin freno. Celebrando la “no lotería”. Cánticos desde los comedores, pero nosotros nos vamos. La barra está vacía.
Resaca. Día de trabajo. Soria se ha despertado activa, después de un día exultante. Vuelve a hacer sol. Rayos secos caen por la ventana de la buhardilla. Boca seca. Los chavales de la Escuela Taller han vuelto al ayer por unos momentos, pero enseguida se han marchado a sus tareas. Queda la estela de una tarde-noche sin suerte, pero con una gracia que no se puede aguantar. Compañeros sin millones. Sonrisas a mares, con o sin ceros, y una fortuna en amores… que ni las películas de Disney.

domingo 21 de diciembre de 2008

Ni la mismísima Navidad


Cientos de paraguas cabalgan por la avenida nublada. Grises sombras que van de aquí para allá con prisas, como si el camino estuviera pintado en las baldosas. Una línea transparente que guía los pasos de los aburridos peatones, torpones en un día de lluvia. Codazos, paraguazos y miradas perdidas que chocan de vez en cuando con los que se quieren mojar, odiando con ganas a los adictos paragüeros.
El padre de Martín se queda embobado en el escaparate de las televisiones gigantes. A pesar de la lluvia, no puede contener ese cosquilleo infantil prenavideño.
Con la boca abierta, dedica una mirada casi mística a las pantallas planas, mientras aprieta la mano de su hijo a ritmo de anuncio publicitario.
Un segundo y Martín suelta la mano de su padre. ¡Se había acordado! Mete la mano en el bolsillo del abrigo y saca un palote de caramelo. Pero llueve y es imposible abrir el dulce. El paraguas, los guantes y el remolino de gente provocan un aluvión de suspiros en la mente de Martín.
- Bueno, para luego. Y vuelve a meter el palote en el bolsillo.
Aprieta de nuevo la mano de su padre y piensa en los regalos navideños. Pronto el árbol estará repleto de ellos. Una sonrisa gigante se refleja en el cristal frío de la tienda de televisores caros.
Su padre reanuda la marcha. Comienza el trote por una de las avenidas más concurridas y tormentosas de la ciudad, donde el asfalto ha amargado la ilusión a los seres vivos. Los deseos están atrapados en las cárceles de cristal y las luces iluminan un baile frenético de corazones acelerados. Navidad. Como si las prisas redoblaran su condición estresante y durante esas fechas la ansiedad quisiera tener un triple protagonismo.
Comprar es el verbo fetiche. Los turnos de los grandes almacenes no dan tregua a la noche y las ventas crecen y la crisis es una leyenda adulta que no interesa a todos.
Avenida abajo, el padre de Martín anda muy deprisa, con paso largo, muy largo. El niño apenas ve, entre el gorro, el abrigo y el paraguas, sólo distingue los cuadrados grises del suelo sucio y mojado. Le cuesta seguirle. A veces le da pequeños tirones para que agilice el paso. Pero las piernas cortitas de Martín no pueden ir más rápido.
El niño resopla, la bufanda le empieza a cortar el oxígeno y el palote da más saltos que un canguro hiperactivo.
De repente llegan a un portal enorme. No es su casa. Cierran rápidamente los paraguas. Suben las escaleras, hasta el primero; llaman a la puerta; les abre una mujer esquelética, un fideo. Martín está confuso.
- ¡Ya era hora!, exclama la mujer palillo.
- Cuando he podido, ¡había un montón de gente en la calle! ¡No se podía ni andar!, se queja el padre.
- ¿Quién es este niño?, pregunta la mujer
- ¿Quién va a ser? ¡Roger!, exclama indignado.
- No, imbécil. ¡Éste no es Roger!, grita la mujer.
- ¿Y mi papá?, dice Martín, con voz entrecortada, a punto de llorar.
- ¿Y mí papá?. Martín deja caer el paraguas, se da la vuelta, cruza la puerta acorazada y salta de dos en dos las escaleras empinadas del portal enorme.
La calle. Personas robotizadas deambulan con bolsas brillantes. Y los paraguas.
- ¡Papá, papá...!, grita Martín entre lágrimas. Los viandantes no escuchan sus gritos. No ven, no paran, no oyen.
- Ya, Martín, ya. Estoy aquí...
Se sienta en la cama e intenta calmar a Martín.
- Es Navidad y el árbol está repleto de regalos-, exclama el padre emocionado.
Martín observa por un instante los ojos de su padre y se detiene en el color miel que colorea su mirada.
- Nunca me soltaré de tu mano- advierte Martín -aunque intenten separarnos miles de paraguas, la lluvia, los escaparates de las televisiones caras, los palotes de caramelo o la mismísima Navidad. -Nunca- ¿me oyes?- nunca, papá.