miércoles 11 de febrero de 2009

Smoke


Enciende un cigarrillo. En realidad van cayendo, uno detrás de otro, en el cenicero de papel metálico, de esos que colocan en el Pans&Company. Russian Red suena con energía en la cafetería de la multinacional. Se agradece la melodía, aplaca los nervios. La otra compañera prende seguidamente su cigarrillo. En cadena provocan humos contaminados, pero la ansiedad justifica el vicio. Las otras tres mujeres miran cómo el humo entra en sus pulmones vírgenes. La espera es más fuerte que el olor a nicotina. En estos momentos se perdona casi todo, hasta la mala educación.
-Pásame el periódico- dice Juana, con un tono casi exigente; cigarro en mano y rodillas bailonas. Sus piernas dan más saltitos que las de un saltamontes estresado. Llevan más de una hora en el bar de esa empresa, esperando a que les comuniquen si han pasado la primera entrevista.
Juana empieza por el final. Siempre coge el periódico por los pelos y lo descuartiza, deja las hojas de economía en la mesa de al lado y se sumerge en el horóscopo. Al instante le viene a la mente la figura del hombre con bigote, rechoncho y paticorto de la entrevista. Y de nuevo se pierde en Libra, pero le resulta imposible concentrarse en el zodiaco.
- Será cretino- piensa, mientras con los ojos clavados en el papel, disimula interés por la predicción. Da una calada al cigarro, levanta la barbilla, e inmediatamente aparta los ojos del periódico, enzarzándose silenciosamente en las preguntas que el señor de corbata de puntos estampó contra su dignidad.
- Que si estoy casada, que si pienso tener hijos... Qué gilipollas. Y a él qué le importa. Seguro que es un reprimido, que su mujer le engaña con otro, que ni la viagra. A lo mejor es gay y lo lleva en secreto, pero la frustración le come las entrañas...-. Y los pensamientos de Juana fluyen anárquicos por un cerebro fuerte y seguro; protegido por una personalidad carismática, arrolladora. - Que no me arrepiento, hombre, que no. Que le he dicho lo que le tenía que decir, a ese imbécil. Y es que no sé ni para que estoy esperando. Juana continúa rumiando hasta que de repente una de las candidatas paraliza su neurosis.
- Yo... es que necesito el trabajo como sea-, explica con un hilo de voz Lola, una mujer delgada, bajita, que sin mantener la mirada, juega con las manos nerviosa, como si cada palabra que abandonara su cuerpo tuviera una sombra de culpa, de miedo.
- ¡Todas necesitamos este trabajo!- exclama Manuela, otra de las candidatas; seria, tajante. Transmitiendo un genio nada amistoso. - Aunque no sea la mejor empresa del país. Todo el mundo sabe lo del juicio con Danone por esa campaña publicitaria de hace unos meses. En fin, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra, ¿no?-, replica Manuela, justificando la mala fama de la empresa.
Las demás permanecen calladas. Una de ellas se marcha al lavabo. Lola vuelve a demostrar mucho interés por el puesto, pero matiza.
- Si no es por mí, verdaderamente-. Los ojos de Lola comienzan a cargarse de lágrimas y dos gotas caen por la mejilla hasta perderse en el jersey de lana. Le resulta difícil controlar el llanto, tanto, que le cuesta respirar. Las compañeras intentan calmar la histeria de Lola. No consiguen frenar el ataque de ansiedad. Manuela pide una tila y prueba a consolar a Lola, pero el hipo descontrolado tensa más la espera. Juana enciende otro cigarro, se levanta y de un bofetón paraliza el rostro de Lola. Ya no llora. Saca un pañuelo de papel y se limpia las lágrimas. - Es mi hijo, me necesita, es tan pequeño...-, consigue finalmente explicar Lola, con frases entrecortadas.
Una señorita se acerca al grupo de mujeres y les comunica que ya pueden dirigirse a la segunda fase de la selección. Pasaron la criba. Todas respiran hondo, como si el pecho estuviera sincronizado. A continuación acuden a una sala, y de una en una van pasando a un despacho pequeño, bien ventilado y forrado de estanterías.
Justo antes de que entrara Juana a la prueba, el entrevistador decide ir al baño. Hace ademán de subirse el pantalón, y con mirada preponte y falsa sonrisa repasa al resto de mujeres que esperan nerviosas su decisión. Él lo sabe y aprovecha ese poder para recrearse en la indefensión de las entrevistadas, mientras camina animado hasta los aseos.
De repente un grito pone en alerta al grupo de mujeres. -¡Fuego, fuego...!-. Y al segundo, un pelotón invade la sala, el pasillo y las escaleras. A codazos consiguen bajar y salir a la calle. Todavía con el miedo en el cuerpo, Juana vuelve al primer pensamiento. -¡El gilipollas. El baño!-. Un impulso recorre sus extremidades. Sube las escaleras de dos en dos y localiza en un rincón del pasillo al entrevistador, agarrotado, agachado y perdido; completamente solo. Consigue llegar hasta él. Tira de su brazo y le guía a la salida.
- Lo sentimos muchísimo, de veras, ha sido una falsa alarma,- se escucha decir a un muchacho uniformado. El guardia de seguridad. -El sensor de humos ha saltado. Sentimos mucho las molestias. Pueden volver a sus puestos de trabajo. Perdonen-.
-¿Qué...?-, grita Juana, enfadada y en parte avergonzada por la extraña situación.
-Muchas gracias, muchas gracias...,- balbucea el señor rechoncho, asustado, como si hubiera empequeñecido de repente. Sin corbata de puntos, con la frente brillante, mojada y una mirada débil, inferior, sumisa e inerte, el hombre pronuncia un agradecimiento en toda regla, que Juana interpreta como disculpa; y a la que contesta con otro de sus pensamientos hilvanados, a lo mejor sacados de un horóscopo de esos.
- Creo que tengo que dejar de fumar, sí, definitivamente-, responde, mirando a los ojos del hombre pequeño e indefenso.

miércoles 4 de febrero de 2009

Wyoming, oh, oh, yea!


Vaya lo que se ha formado con el vídeo del Intermedio. A estas alturas ya conoce toda España la broma que el programa de La Sexta coló a los de Intereconomía. Un chiste que ha reabierto un debate sobre los límites de los medios de comunicación, especialmente de la televisión. Me alegro que se hable de todo esto. Dialogar es bueno y reflexionar es tremendamente beneficioso para el buen funcionamiento de las relaciones personales, las empresas, los colegios, la política, incluso para los medios de comunicación.
Me apetecía que llegara este momento. Tenía ganas de comentar unas cuantas cosillas que me ponen algo nerviosa. Una de ellas es la agenda mediática. Estoy un poco cansada de que la nieve y el mal tiempo sean noticia. En invierno hace frío, suele nevar y también hiela. Qué le vamos a hacer, esta estación del año es lo que tiene. Pues en Soria, al parecer, no ocurre nada más. A ver, no es noticiable que nieve en invierno. Más chocante sería que en pleno enero tuviéramos abiertas las piscinas municipales.
Podría entrar en más detalles, pero volviendo al tema en cuestión, creo que otro gran problema que tienen los medios de comunicación y que hasta el momento a casi todo el mundo le daba igual es la objetividad. Ah, que algunos piensan que no existe. Pues sí, para los incrédulos: sí existe. ¿Os suena eso de contrastar la información, las fuentes? Ahí está la objetividad. El talón de Aquiles de muchos medios y muchos programas, además informativos.
La broma del Gran Wyoming es más que un chiste. Ha puesto en evidencia lo poco o nada profesionales que son algunos medios de comunicación, en este caso Intereconomía. Sólo les enviaron un vídeo y ¡zas! Se lanzaron como víboras para sacar carnaza de un archivo en principio desconocido.
Wyoming, gracias, a ver si a partir de ahora se plantean contrastar la información y alguien pone freno, no sé si la justicia o la propia opinión pública a personajes como César Vidal, Jiménez Losantos o Pedro J. Ramírez, entre otros. Ya les vale. Y nadie hace nada. Esto sí que es una vergüenza. ¿Cuándo se lo va a plantear el presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM)? ¿Cuándo van a condenar lo que algunos medios emiten y se atreven a lanzar en sus informativos, páginas y tertulias?
Cuando salen delincuentes vendiendo su vida o contando sus proezas por sumas considerables de dinero, ninguna asociación de prensa habla de vergüenza. Cuando se frivoliza sobre la violencia de género u otros problemas sociales, no pasa nada. Si se insulta, se hacen comentarios machistas y vejatorios o se miente de forma descarada, se justifica y se apela a la libertad de expresión. Y ahora salen lamiéndose las heridas unos cuantos por una broma, bien colada, que deja con el culo al aire a algunos de la profesión. Toca ponerse las pilas. Menos hipocresía, que ya está bien.